¿Recuerdan la fracasada rebelion en el año 2006? Ahí va una de las muchas anécdotas: Un "amigo" desde hacia 15 años, reconvertido a colaborador del CNI, me llevó a la Iglesia Católica que solía ir para escuchar una misa.
En un momento dado, el sacerdote dice esto: "Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica". Mientras el sacerdote decía esto, mi "amigo" me decía: "Mira lo que dice el cura, parece que te lo están diciendo a ti."
El cretino vendió por un enchufe de alto funcionario del estado. Pasado un tiempo, tuvimos un enfrentamiento, registré el contenido en unas grabaciones y amenacé con sacarlo a la luz. Al estado no interesaba y echó a mi "amigo" a patadas de su puesto de alto funcionario público y lo reubicó como jefe de una empresa de congelados. En su cuenta de Facebook escribió como afición: "Dar ordenes a mis perrillas (empleadas) para que me obedezcan". Un homb digo un enchufado de éxito.
Lo que pasa en Cornaria también pasa en España
Extracto del libro "La ilustre degeneración" Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura
- Hay un montón de gente que conviene eliminar. Socialmente, ¡se entiende! Porque dicen lo que no deben o dan mal ejemplo. ¡No a lo grande!. A veces su influencia no pasa de una calle, de un bar o de un centro con cuatro gatos. Nosotros los descubrimos. Nos enteramos de sus costumbres, medimos su peligrosidad y si valen la pena, hacemos su retrato interior. Podríamos eliminarlos físicamente. Y quitarnos el engorro de encima. Pero estos accidentes, salvo si el tipo es un cabeza loca, son sospechosos y terminan por saberse. Así que nos tomamos el trabajo de eliminarlos psicológicamente. ¡No creas que es tan fácil!. Hay que estudiarlos, saber que les gusta y donde les duele. Romper su equilibrio es lo importante. Un tipo desequilibrado hace y dice tantas tonterías, que se desprestigia en horas. La policía nos manda la ficha. Pero no sirve. Son incompletas, cuando no equivocadas. Así que tengo un montón de gente controlándolos. Cuanto más cerca, ¡mejor!. Amigos, empleados, parientes. Hay hijos que vigilan a los padres; maridos a mujeres. Me importa lo que dicen, no lo que hacen. Lo malo es que a veces nos informan con los pies. Metes un dato equivocado. ¡Y no aciertas ni para atrás!. La verdad es que los informadores trabajan por dos gordas. Y hasta por pura vanidad y de gratis. De los peces gordos nos ocupamos nosotros. Algunos se quedan hechos unos zorros a la primera. Pero otros, ¡no hay quien los rompa!. Tengo casos que los hemos arruinado, destrozado la familia, metido en procesos de todos los colores, dejado sin trabajo y hasta ridiculizado. ¡Y ahí siguen incordiando!. Pero los más acaban donde quiero. Como la gente les rehuye, porque les hemos hecho la cama, se hacen huraños y solitarios. A los débiles le va peor. Terminan en la droga o el manicomio. ¡Pero no creas que sólo hago el mal!. No sabes la cantidad de cretinos que me deben la carrera, porque les hice pasar por lumbreras, ¡en lo que sea!. Confieso que el trabajo me gusta. Fabricar destinos, sin que el sujeto tenga arte ni parte, te hace sentirte un poco como Dios.