Había hecho "amistad" con un religioso católico y le conté los problemas que tenía con el estado cornariano. Uno busca consuelo donde sea, cuando las pasa canutas. Todo ocurrió al principio de mi historia de amor con el CNI.
Recuerdo que cuando fui envenenado por primera vez (no estaba acostumbrado) fui junto al religioso, un compañero me informó que estaba confesando. Y allí me lo encontré, leyendo un libro que (seguramente) el CNI puso en sus manos), se trataba de "El Principe de Maquiavelo", me soltóun breve discurso del significado del libro con una extraña sonrisa en los labios y me recordó la famosa cita: "El fin justifica los medios". Le dije que tenía coña que un religioso leyese a Maquiavelo en un confesionario, mientras me retorcía de dolor por el veneno. No obstante, me dio una estampa de San Francisco de Asis y me dijo que rezaría por mí.
Anteriormente, él me comentó con una enigmática sonrisa: ¡Este mundo es una farsa! Aquí solo hay 4 que actúen de forma coherente con sus principios. Le supliqué que me dejase pasar la noche en el templo y él se negó y me interrogó brevemente: ¿Comes bien?...(comía bien)... ¿Respiras bien? (Por aquel entonces respiraba bien)... Quiero escucharte respirar ¿Qué problema tienes?
¿Cuántos años tienes? ¡Te has fijado! ¡Has vivido 2 décadas y media!
No sé como hizo aquel hombre, me hizo sentir tan ridículo que el miedo desapareció de golpe, solo con pronunciar un extraño discurso qué no quería escuchar, como diciendo sin decir: "Mis hermanos fueron por el mundo evangelizando, sufriendo persecución, tortura, presidio, muerte vil, y tú me vienes con qué te quieren matar".
Donde yo vivo, el CNI mete sus tentáculos en casi todas partes y eso incluye también los dominios de Dios en la tierra.